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Regreso al futuro

Carrión de los Condes
26.12.16

Si eres un fan de los clásicos, las experiencias extremas y los buenos modales de antaño, déjate llevar por la fe y aventúrate a pasar una noche en alguno de los muchos albergues parroquiales que irás encontrado a lo largo y ancho de todo el Camino de Santiago. De todas las opciones que tiene el peregrino por escoger, recomendamos pasar (al menos una noche) por alguno de estos magníficos santos refugios regentados por adorables siervas de Dios.

En ellos encontrarás todas las comodidades y facilidades que te ofrecen los demás albergues, pero lo vivirás más intensamente gracias a la magnífica labor que llevan a cabo las monjas y hospitalarias que se dejan el alma las 24 horas del día. Bajo su divina tutela, te sentirás transportado a otra época, en la que las notas importantes se apuntaban en cuadernos de espirales y no necesitabas enchufar tus dispositivos electrónicos a la corriente antes de irte a dormir, porque solo funcionaban con pilas de 1,5 voltios.

El orden y la disciplina se huelen en cada una de las paredes.

El día a día de un peregrino suele ser bastante incierto y aleatorio. Sabes cuándo y dónde empieza, pero no cómo ni en qué lugar termina. Por eso es de agradecer que los albergues sean pequeñas fortalezas con normas muy estrictas, para que sus instalaciones no se conviertan en una mezcla explosiva entre un baño turco y una clase de tercero de ESO.

El diseño interior del espacio parece sacado de una película de Amenábar o Pasolini. Mires donde mires, te parece estar dentro de un decorado. No hay rincón que no desprenda cierta sobriedad marchitada. Obviamente, también hay espacio para lo kitsch, pero solo desde un punto puramente funcional, ya que todo está dispuesto para conectarte lo más rápidamente con Dios.