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El Camino: Parte 2 – Souvenirs

Camino Francés
07.12.16
Nuestro cerebro es capaz de memorizar recuerdos a lo largo de nuestra vida, pero obviamente, esos recuerdos aún no se pueden compartir en las redes sociales y por eso necesitamos cargar con cámaras y celulares a todas partes. ¿Pero qué ocurre cuándo esos recuerdos no son suficiente?

Desde que el ser humano dejó de ser nómada, que su afán de coleccionar y guardar objetos se ha desarrollado hasta niveles virtuales que sobrepasan lo real. Posiblemente, en el momento en que dejamos de viajar de río en río, sentimos la irrefrenable necesidad de poseer un objeto que nos transportara a ese lugar que dejamos en el pasado; y justo en ese momento de nuestra recién historia, nacieron los souvenirs. Bien, sin ánimo de conocer, ni por lo más remotamente lejano, el origen de tal preciado objeto, es importante mencionar lo mucho que los necesitamos.

Olvidamos contar el número exacto de pequeños souvenirs que íbamos encontrando a lo largo del Camino de Santiago, pero creemos recordar que la cantidad exacta se acercaba a la de nuestra deuda externa. Sí, más de los que podíamos contar, aunque por sorpresa nuestra, el souvenir más solicitado no se encontraba dentro de ninguna tienda oficial, ni no oficial.

El souvenir más deseado se encontraba en el propio Camino.

¿Lo has encontrado ya? Perfecto! Pues sí, la gente; perdón, los peregrinos (esas personas de buena fe) se llevan los quilómetros del Camino a sus casas, de recuerdo. Para ser más exactos, se llevan las placas metalizadas, que tienen gravados los quilómetros restantes para llegar a Santiago. Era muy habitual encontrar estas construcciones de piedra (mojones) cada ciertos quilómetros, como sistema de señalización. Solo en la parte final, nos encontramos, o no, con las placas que indican al peregrino las horas de gozo que le faltan por recorrer.

Un buen sistema de señalización no solo debe indicar el recorrido y organizar el itinerario, sino que debe prever todo tipo de situaciones, incluida la apropiación indebida de souvenirs.

Evidentemente, si las placas de los quilómetros eran objetivo de peregrinos que se toman muy a pecho sus recuerdos, ya mejor ni imaginar lo mucho que deben adelgazar los caminos a base de piedras. Aunque esto último es prácticamente imposible evitarlo por dos razones bien conocidas.

 

  1. Parte del peregrinaje, consiste en cargar una piedra sobre la que descargar tus pecados, o negatividad, para finalmente desprenderte de ella en la Cruz de Hierro.

 

  1. Somos un país dónde el tránsito de piedras nunca ha supuesto un problema para ninguna de nuestras fronteras.

Independientemente del gran número de diseños que existen de la concha y el mojón (eso es otro gran tema), tanto a nivel formal como material, ¿debería plantearse un mejor sistema de identidad y señalética, que cubriera todas las posibles situaciones que engloba un Camino legendario de estas proporciones? O por el contrario, encontrarse todo tipo de señales variopintas, en todas las condiciones que puedas llegar a imaginar, lo hace más real y auténtico? Ahí dejamos la pregunta al aire.